A esta comarca, durante los largos
y oscuros tiempos medievales, se la denominó, en toda documentación
de la época: "Marítima". El documento más antiguo
conocido es del año 968, del tiempo del rey franco Lotario.
Hace referencia al canobio de San Pol de un "loco qui
dicitur Maritima". Esta denominación tan constante hace
pensar en su fuerte implantación, en expresión de una realidad
fisica bien evidente y vigente aún en el interior del país,
la "Marítima" o la Marina, propio de una faja de
tierra cuya fachada da al mar. Cuando pasó después a decirse,
lentamente, Maresme, a nuestro entender sería como
resultado alotrópico de la vulgarización de la "Marítima"
latina. Actualmente el Maresme cuenta con magníficas playas
en Arenys, Mataró, Caldes dEstrac,
Sant Pol, Calella, Malgrat, etc.
En el interior o
vertiente del mediodía de la Serralada Litoral, el bosque,
los pueblos de Dalt o de Munt, las Masías ancestrales,
las tierras de secano, las viñas y los valles interiores como
los Orrius o Canyamars, donde conviven el veraneo y el cultivo
del campo.
El Maresme es una comarca
bien vertebrada por la geografía, una Serralada Litoral común,
que presenta una serie de macizos suaves, domesticados, con
claros cultivados, y con una trama de caminos que los hacen
accesibles desde cualquier lugar. Es necesario resaltar algún
elemento como las montañas de Montpalau en Pineda de Mar
y de Burriac en Cabrera de Mar, ambas coronadas por
los vestigios de sendos castillos, que por su historia, tradición
y figura física se han convertido en verdaderos signos de
identidad de la comarca.
Esta barra montañosa
es como una especie de frontera con el Vallés, comarca que
queda a la
espalda del Maresme, y a la que se accede solo a través de
algunos collados; el de Cera, entre El Masnou y Vallromanes,
Parpers, entre Mataró y Granollers, y Sa
Creu, entre Arenys y Sant Celoni, esta configuración
desde los tiempos más antiguos ha condicionado las comunicaciones,
las cuales presentan una característica muy común. Por un
lado las marítimas, con tráfico a lo largo de la costa, astilleros
en la playa, dinámica actualmente acabada y sustituida por
la imagen y uso de los
- Puertos
deportivos del Maresme:
Las comunicaciones terrestres,
las longitudionales, históricamente son tres:
El Camí de Dalt
o dels Contrabandistes, posible vía de origen prerromano que
ya comunicaba los poblados ibéricos; el Camí del Mig,
antigua Vía Augusta que de Roma iba hasta Cádiz y del cual se
ha encontrado un miliario que se guarda en el vestíbulo del
Ayuntamiento de Vilassar de Mar; y el Camí Ral o de
Baix, carretera de Francia actual N-11.
El vino ha sido el producto agrícola
del Maresme más comercializado a lo largo del tiempo. Sus excelencias
ya fueron loadas por autores tan cualificados como "Plinio
el Viejo" y "Marcial". Por todo el Mediterráneo
se han encontrado las ánforas laietanas, con las cuales se transportaba
dicho producto. Su cultivo ha persistido hasta nuestros días,
pero con un proceso irreversible de decadencia desde la catástrofe
de la filoxera (1883). No obstante, su antiguo prestigio se
mantiene vivo en Alella, con denominación de origen y
con una respetable producción.
Al Maresme no se le puede entender
sin el mar, el cual siempre ha sido un protagonista de primera
fila: la llegada de las civilizaciones clásicas, la pesca, la
navegación, el comercio, la piratería, los astilleros, etc.,
todo ha tenido como marco el mar. Puede decirse que la tierra
de Maresme y el mar es una simbiosis. Actualmente es un espacio
dedicado al tiempo libre, playas y puertos.
El
turismo multitudinario tiene una fuerte presencia en la zona
costera del Maresme norte, desde Arenys hasta Santa
Susanna, área que cuenta con todo tipo de equipamientos
propios de esta actividad receptora del turismo europeo, chalets
y apartamentos de fin de semana por un lado y hoteles y apartamentos
veraniegos por el otro.
Por los restos materiales se deduce
que el hombre se estableció permanentemente en la comarca en
los remotos tiempos del Neolítico, pero la construcción más
antigua que conservamos es el "dolmen de la Roca den
Toni" en Vilassar de Dalt. Los hombres del Hierro
llegaron hacia el año 800 a.C. y han dejado una muestra de sus
ritos funerarios en la necrópolis de incinerador de Ca lEstrada
de Argentona.
La revolución urbana la hicieron
los íberos, los cuales edificaron poblados a lo largo de las
vertientes del mediodía de la Serralada Litoral. Destacan los
de la Cadira del Bisbe en Premià de Dalt, Burriac en
Cabrera de Mar, lugar donde se supone que se acuñó la
moneda con la leyenda de ILDURO, y el de Montpalau en
Pineda de Mar.
La romanización entró en el año
218 a.C. por Empúries, con motivo de la Segunda Guerra
Púnica. Con la romanización se habitó el llano, cultivándolo
íntegramente a través de las "villae", y en el centro
de la comarca, entonces conocida con el nombre de Laietana,
surgió la ciudad de Iluro predecesora de la actual Mataró.
Con la caída de Roma (s.V d.C.)
se entró en una fase de decadencia social, política y económica,
lo cual motivó que la población volviera a la montaña. Correspondiendo
a esta etapa de la Alta Edad Media, últimamente se han localizado
tres necrópolis: Sant Pere de Riu en Tordera, Mata en
Mataró y Can Boquet en Vilassar de Dalt. También
se han encontrado templos de origen gentil pero persistentes
en esta época: el de Sant Joan de Cabrera de Mar y el
de Sant Jaume de Traià en Argentona.
Las Iglesias, muchas de las cuales
fueron puestas bajo advocaciones de santos con fuerte raíz en
el cristianismo del país (Sant Feliu, Sant Cugat, etc.) con
sus sagrarios; los cenobios de Roca Rossa en Tordera, Sant
Pol y Sant Pere de Clarà de Argentona; y los castillos
de Palafolls, Montpalau, Mataró, Dosrius, Sant
Vicenç o de Burriac, etc., fueron los que pusieron los cimientos
de la repoblación y de la recuperación económica.
El Maresme, por su figura física
y por su situación, ha sido a lo largo de los siglos una comarca-pasillo,
ha vivido todas las invasiones, tanto las que han venido del
norte como las del sur, ha sufrido las razias de la piratería
venida por los caminos del mar, testimonio, mudo aún, de ello,
son las numerosas torres de vigilancia que altivas se encuentran
a lo largo de la costa. Dicho de otro modo, el Maresme ha vivido
todas las vicisitudes de la tierra catalana, pero, precisamente
por esta condición de pasillo, también ha sido camino por donde
han entrado las corrientes del progreso y de la libertad, corrientes
acogidas por sus habitantes, precisamente por el talante cosmopolita
de la gente de esta tierra.
Los
fondos marinos
Importantes
testigos de la historia sumergida
La
hundida vía romana, paralela a la costa de "El Maresme"
La actividad de muchos escafandristas
a lo largo y ancho de la costa catalana ha permitido que esta
zona sea una de las más estudiadas de todo el litoral español.
La colaboración entre submarinistas y arqueólogos es una constante
en nuestro país, una prueba de ello es el mutuo entendimiento
entre los equipos de arqueólogos catalanes y las sociedades
de actividades subacuaticas de la zona.
Curiosidades arqueológicas observadas
por aficionados al escafandrísmo son muchas en nuestra costa
mediterránea. Una de ellas es el de la calzada romana que corre
paralela a la actual línea costera, sumergida a pocos metros,
y que es especialmente ostentosa entre las poblaciones de Premia
de Mar y Vilassar de Mar.
Tal como en su momento
escribieron Josep Guitart, Josep Gurt, Josep Granell y Pepita
Padrós, se ha tenido información, llegada por vía oral en diversos
pueblos de El Maresme, de los restos de la "carretera
romana" sumergida. Estos restos son notables en días
de calma. Lo que en principio parece un arrecife de rocas, es
una calzada romana, que quedó sumergida ante la subida del nivel,
fenómeno imparable desde finales de la última glaciación. Esta
pequeña cadena de rocas, que discurre paralela a la costa, fue
objeto de una campaña de investigación a principios de la década
de los ochenta, con el objetivo de indagar, de forma científica
la naturaleza de aquella pequeña cordillera de rocas. Lo que
la tradición popular conocía como la carretera romana, se pudo
comprobar que se trataba de ello.
Desde finales de 1981 un equipo
de submarinistas llevó a cabo una serie de inmersiones en diferentes
puntos de la costa entre Badalona y Llavaneras,
recogiendo información, analizando fotografías, tanto subacuaticas
como aéreas, y constatándolo con el conocimiento de los prácticos
de esta zona marítima, principalmente pescadores.
Las
observaciones más importantes que se hicieron fueron:
En la mayor parte
de los lugares estudiados se encontró una construcción hecha
de mortero de cal y arena, de una dureza considerable. Basicamente
se trata de una plataforma plana, aproximadamente, paralela
a la línea costera. En algunos puntos la plataforma acaba en
un escalón de punta a punta, con una anchura máxima de unos15
metros. En otros puntos se ve el escalón sólo en el lado de
mar y entonces la plataforma es mucho más amplia, alcanzando
los 30 metros.
La parte superior
de la plataforma, en algunas zonas, se encuentra totalmente
a nivel de mar, pero en la mayoría de las veces esta a 1 metro
de profundidad y en algún punto llega a los 12 metros, el grueso
máximo de la obra es de 4 metros. En algunos puntos esta plataforma
queda interrumpida en toda su anchura por una especie de canales
de unos 0,6 metros de ancho, en pendiente hacia el mar. Puede
que se trate de un sistema de drenaje. La observación de las
fotografías aéreas, junto con los análisis de las informaciones
recogidas por los navegantes de la zona, lleva a la conclusión
de que esta obra se extiende, al menos, desde la desembocadura
del río Tordera hasta las playas de Badalona, donde se
pierde en la arena.

Delante de la playa de Mataró,
existen evidencias de una obra parecida, perpendicular a la costa,
lo que hace sospechar que podría ser de un antiguo puerto. Esta
teoría no está confirmada. Es dificil datar cronologicamente esta
obra. Lo que sí se puede afirmar es que se trata de una infraestructura
de gran envergadura, que utiliza la técnica de mortero encofrado,
ubicada en una zona que en aquel período debía tratarse de una
amplia zona de pantanos y arenas. Por la técnica de construcción
y por sus dimensiones podría afirmarse de que se trataba del camino
romano que enlazaba los poblados de Laietania con la ciudad de
Barcino, ahora Barcelona y el poblado de Blenda,
la actual villa de Blanes.
|